Hay tortas que nunca pasan de moda, y la Sacher es una de ellas. Elegante, intensa y equilibrada, combina una miga aireada de chocolate con el delicado contraste de la mermelada de damasco y un glaseado brillante que la convierte en un clásico de la pastelería. Una receta perfecta para quienes disfrutan los sabores profundos del cacao y las tortas con historia.

 

Ingredientes

 

Tarta

 

6 huevos, 200 g de azúcar, 150 g de manteca, 150 g de chocolate cobertura 85% cacao Fénix, 150 g de harina 0000, 5 g de polvo de hornear, pizca de sal, 50 g de harina de almendras.

 

Relleno

 

200 g de mermelada de damasco.

 

Glaseado de chocolate

 

200 g de chocolate negro de cobertura 85% Fénix, 200 g de crema de leche, 50 g de manteca.

 

Preparación

 

Derretir el chocolate junto con la manteca a baño María o en microondas en intervalos cortos. Mezclar hasta lograr una preparación lisa y reservar tibio.

 

Tamizar la harina junto con el polvo de hornear y la sal.

 

Batir los 6 huevos con el azúcar hasta lograr un batido bien aireado, espumoso, claro y que duplique o triplique su volumen. Debe quedar con punto cinta.

 

Incorporar el chocolate con manteca derretidos al batido, mezclando con movimientos envolventes. Agregar la harina de almendras e incorporar los secos tamizados en dos veces, mezclando suavemente para no bajar el aire de la preparación.

 

Volcar en un molde enmantecado y enharinado de 20 cm.

 

Hornear a 170 °C durante 40 a 50 minutos aproximadamente. La torta debe quedar húmeda pero firme en el centro.

 

Dejar enfriar completamente. Cortar al medio y rellenar con la mermelada de damasco apenas tibia.

 

Glaseado

 

Calentar la crema de leche hasta casi hervir. Verter sobre el chocolate picado, esperar 1 minuto y mezclar hasta emulsionar. Agregar la manteca y mezclar hasta obtener un glaseado liso y brillante.

 

Cubrir la torta fría con el glaseado y dejar reposar hasta que tome cuerpo.

 

Tips

 

Los huevos a temperatura ambiente montan muchísimo mejor.

 

Si el chocolate está muy caliente cuando lo agregás, baja el batido y pierde volumen.

 

La Sacher auténtica no lleva una miga ultra húmeda tipo brownie; tiene que ser fina, aireada y elegante.

 

Reposada unas horas queda mejor que recién hecha.